Durante muchos años las grasas han tenido mala fama. Se han relacionado con el aumento de peso, el colesterol o los problemas cardiovasculares, lo que ha llevado a muchas personas a intentar eliminarlas casi por completo de su alimentación. Sin embargo, hoy sabemos que no todas las grasas son iguales y que algunas son imprescindibles para mantener una buena salud dentro de una alimentación saludable

En este artículo te explico, de forma clara y práctica, qué grasas conviene priorizar, cuáles debemos limitar y cómo incorporarlas en el día a día sin complicaciones.

 


¿Por qué necesitamos grasas en nuestra alimentación?

Las grasas cumplen funciones muy importantes en nuestro organismo:

  • Aportan energía y ayudan a mantenernos saciados.
  • Permiten la absorción de vitaminas liposolubles (A, D, E y K).
  • Forman parte de nuestras membranas celulares.
  • Participan en la regulación hormonal y en procesos antiinflamatorios.

 

El problema no es consumir grasa, sino el tipo de grasa y la cantidad.

 

Tipos de grasas: cuáles elegir y cuáles limitar

Grasas saludables (las que conviene priorizar)

Son principalmente las grasas insaturadas, con efecto protector sobre la salud cardiovascular y antiinflamatorio. Estas grasas ayudan a mejorar el perfil lipídico, aportan saciedad y forman parte de una alimentación saludable y equilibrada.

Las encontramos en:

  • Aceite de oliva virgen extra
  • Aguacate
  • Frutos secos (nueces, almendras, avellanas…)
  • Semillas (chía, lino, sésamo…)
  • Pescado azul (sardinas, caballa, salmón…)

 Grasas saturadas (las que conviene moderar)

No son tóxicas, pero sí conviene consumirlas con moderación y dentro de un contexto de dieta equilibrada. El problema aparece cuando su consumo es frecuente y desplaza a las grasas saludables.

Se encuentran principalmente en:

  • Carnes grasas y embutidos
  • Mantequilla, nata y quesos curados
  • Bollería y productos de pastelería

 Grasas trans (las que es mejor evitar)

Las grasas trans y otras grasas de baja calidad presentes en muchos ultraprocesados deberían evitarse en la medida de lo posible. Se asocian a inflamación, peor salud cardiovascular y mayor riesgo metabólico.

Las encontramos en:

  • Productos ultraprocesados
  • Snacks industriales
  • Bollería y galletas
  • Comidas preparadas

 

Consejos prácticos para el día a día

  • Utiliza aceite de oliva virgen extra como grasa principal para cocinar y aliñar.
  • Añade un pequeño puñado de frutos secos naturales a yogures, ensaladas o meriendas.
  • Incluye pescado azul 1–2 veces por semana.
  • Revisa las etiquetas y evita productos que contengan “grasas vegetales hidrogenadas” o “aceites refinados” como ingrediente principal.
  • Prioriza alimentos reales frente a productos ultraprocesados.

 

Las grasas no son el enemigo. Elegir bien las fuentes de grasa y aprender a incorporarlas con equilibrio es clave para cuidar nuestra salud, reducir la inflamación y sentirnos mejor en el día a día.

Pequeños cambios sostenidos en el tiempo marcan una gran diferencia.

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